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23 F: Operación "De Gaulle"

Primeros momentos del Golpe

Los funcionarios del Congreso creen que algo sucede pero lo desconocen ya que los guardias civiles no dicen nada, entrando de modo decidido el que parece su jefe, junto a diez o quince guardias tras él. Algunos piensan que hay un aviso de bomba o cuando ya se dan cuenta de las intenciones de los guardias llegan a pensar que son etarras disfrazados de guardias civiles, porque consideran en su subconsciente que la escena que están presenciando es irreal e imposible.

Se trata del teniente-coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina. El ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, le reconoce enseguida puesto que se le había expedientado en tres ocasiones. Los demás allí presentes también y en especial los periodistas.

Tejero ya había participado en la fallida Operación “Galaxia” junto al posteriormente asesinado por ETA capitán Saenz de Inestrillas en la que pretendían lo mismo: un Golpe de Estado que implantara un Gobierno de Salvación Nacional.

El secretario primero de la Cámara Baja se queda sin habla. Cree que el corazón se le para, sobre todo cuando Tejero sube al estrado y pronuncia las palabras que con el tiempo serían utilizadas con sorna ya que el pueblo español enseguida se rehace de cualquier suceso y si todo termina satisfactoriamente, lo ridiculiza; es su modo de pasar página: ¡Quietos todo el mundo! ¡Todo el mundo al suelo! Manuel Marín, presidente de la sala, se le queda mirando absorto sin dar crédito. El diputado que en ese momento realizaba su voto, Núñez Encabo, una vez los guardias civiles abrieron fuego contra el techo de la sala, se escondió en el pasillo como pudo.

Pero cómo podía suceder eso, qué había llevado a ese hombre a tal aventura después de haber sido seriamente castigado por su participación en la anterior intentona golpista.

Sencillamente, en esta ocasión, Tejero estaba convencido del éxito de la iniciativa al contar con el respaldo del Rey, como así le aseguraron.

Preparación de la Operación "De Gaulle" y del Golpe de Estado

Siete meses antes, Tejero se había entrevistado con otro teniente-coronel, éste ayudante del teniente-general Miláns del Bosh, capitán general de la III Región Militar (Valencia), uno de los ideólogos del Golpe de Estado. Junto con Juán García Carrés, dirigente del Sindicato Vertical, elaboraron el plan mediante el cual asaltarían el Congreso de los Diputados.

García Carrés era hijo de Vicente García Ribes que fue presidente del Sindicato Vertical de Transportes y Comunicaciones y sospechoso de participar de algún modo en la matanza de abogados laboralistas de Atocha en el mes de enero de 1977, tan solo cuatro años antes del Golpe de Estado (en el crimen de Atocha estaba implicado el secretario del Sindicato).

En principio tenemos a personas afines a la extrema derecha implicados en el Golpe, en una época convulsa en la que ETA mata sin cesar a un ritmo de diez u once atentados mensuales, algo a lo que los militares, hasta hace muy poco en el poder, no estaban acostumbrados. Con la dictadura del General Franco, muerto seis años antes del Golpe, ETA estuvo muy controlada y a punto de ser desmantelada en 1975, pero el fallecimiento del dictador dio una tregua a la organización terrorista que aprovechó para rearmarse y reorganizarse.

El nuevo Gobierno de la transición, presidido por Adolfo Suárez, era débil, temeroso de ser calificado de pro-franquista por lo que actuaba con miedo con respecto al terrorismo y otras cuestiones, no aplicando una política enérgica de mano dura como le pedían los altos mandos militares a través del vicepresidente del Gobierno, el teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, el hombre de confianza de Suárez para mantener tranquilos los cuarteles.

La tarde del Golpe, Mellado es zarandeado por Tejero que le ordena que se siente, siendo el veterano militar ayudado por su amigo Suárez, quién demostró una sangre fría digna del gran hombre que ha sido siempre y sin embargo criticado por algunos sectores, tanto conservadores como progresistas, en aquellos tiempos de transición política. Fue de los pocos que permaneció sentado en su silla mientras la mayoría estaban agazapados sin atreverse siquiera a respirar.

Los acontecimientos se desbordan

Otro político de gran talla y un personaje influyente de la Historia contemporánea de España es Santiago Carrillo, quién con los anteriores, fue uno de los que permaneció sentado, sin esconderse. Su valor está fuera de toda duda ya que al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, debió pensar que si las cosas se ponían feas, él sería uno de los primeros en ser objetivo de los militares golpistas.

Carrillo tenía 66 años en febrero de 1981 y era el secretario general del Partido Comunista. Sobre él siempre recayó la sospecha de su implicación en las matanzas de Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz, durante la Guerra Civil, en las que fueron fusilados 4.000 civiles y militares afines a Franco y aunque habían pasado 42 años desde aquello, esa tarde de febrero de 1981 seguro que aquel suceso, tuviera él algo que ver o no, vino a la memoria de Carrillo, por lo que pudieran pensar al respecto los militares golpistas. Sus temores parecía que se iban a hacerse realidad cuando Tejero ordena a unos guardias que condujeran a varios políticos fuera del emiciclo, entre ellos Suárez, Felipe González, Alfonso Guerra, Agustín Rodríguez Sahagún (ministro de Defensa en ese momento), Gutiérrez Mellado y el propio Carrillo, pero tan solo son trasladados a otras dependencias, sin embargo los diputados que se quedan dentro piensan lo peor y más cuando oyen a unos guardias civiles decir que primero sacarán a los vascos y después a los otros.

Tejero se pone nervioso pues el plan estipulaba la intervención de la División Acorazada Brunete justo después del asalto al Congreso, pero nadie le llama para confirmárselo. Sin embargo sí sabe que Milans del Bosh ha asumido todos los poderes en la Región militar bajo su mando, Valencia.

Pasadas las siete de la tarde, se le comunica que tres escuadrones blindados han ocupado Prado del Rey, donde se encuentra Radio-Televisión Española. Suena música militar, como le demuestra García Carrés con quién habla, por teléfono, durante horas la tarde y noche del 23-F.

Por fin hacen acto de presencia Alfonso Armada y Aramburu Topete. Son casi las doce de la noche. El primer o es un orgulloso aristócrata y militar de carrera, veterano de la División Azul y secretario del Rey antes de Sabino Fernández Campo. Cuando tuvo lugar el Golpe de Estado, ocupaba el cargo de segundo jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. En el fondo, no se lleva bien con Miláns del Bosh y esto fue uno de los handicaps del Golpe que no supieron solucionar, afortunadamente, porque desbarató todos los planes golpistas al no ponerse de acuerdo los dos veteranos militares (Miláns del Bosh también estuvo en la División Azul, luchando junto a la Alemania nazi -eran dos gallitos en el mismo corral en el que pretendían convertir España-).

Aramburu Topete es el director general de la Guardia Civil en esas fechas. Ha establecido su base operativa en el Hotel Palace desde donde dirige el dispositivo montado para desbaratar los planes de Tejero, con el nombre en clave de Operación “Diana”. Está al mando de las Fuerzas de Seguridad, incluida la Policía Nacional, que sigue siendo militar y cuyo jefe entonces es el también general de División José Antonio Saenz de Santamaría, quién ordenó de inmediato rodear el Congreso para evitar que otros guardias civiles quisieran apoyar a sus compañeros. Hubo cierto recelo entre ambos Cuerpos pero finalmente Aramburu Topete se hace cargo de la situación, demostrando su lealtad al Rey y a la Constitución. De todos modos, Santamaría conocía muy bien el Cuerpo de la Guardia Civil, mucho mejor incluso que su director general puesto que durante nueve años fue el jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, primero como coronel y más tarde como general de Brigada. Además, Santamaría estaba curtido en los Servicios de Información, aunque según dijo después, se enteró del Golpe por la radio, actuando rápidamente.

Aramburu Topete le ordena a Tejero que abandone esa locura pero Tejero le dice que antes le pega un tiro y después se mata él mismo.


Topete se marcha pero al lado de Tejero permanece Armada, hasta que pasada la una de la madrugada, el rey se dirige a toda España por radio y televisión en su famoso mensaje en el que aparece con su uniforme de capitán general de los tres ejércitos, ordenando que se defienda la Constitución a toda costa. Tejero, que hasta ese momento ha creído en la esperanza de que se convenciera al monarca para que apoyara el Golpe, se desmorona y Armada abandona el Parlamento.

Tejero amenaza con quemar el Parlamento si les cortasen la luz desde el exterior. En ese momento, los diputados pasan por un momento de máxima tensión, como declaró Luís Gamir, entonces diputado de la Unión de Centro Democrático.

Aún así, han de transcurrir todavía más de diez horas hasta que los políticos, funcionarios y periodistas retenidos puedan abandonar el Congreso, una vez se entregaron los asaltantes, deponiendo las armas.

Los implicados: el Golpe de los capitanes

Las cintas que grabaron las conversaciones y comunicaciones desde dentro del Congreso hacia los contactos y colaboradores del Golpe, desaparecieron misteriosamente, asegurando Alfonso Guerra que cuando ellos llegaron al poder en 1982, las cintas ya no estaban.

En el macro juicio a los golpistas celebrado ante el Consejo Supremo de Justicia Militar en junio de 1982 y en la revisión de 1983, Tejero y Miláns del Bosh fueron condenados a treinta años de cárcel.

Pero no fueron los únicos implicados.

Al frente de la División Acorazada “Brunete” se encuentra el general Juste, quién según el general Torres Rojas, el coronel San Martín y el comandante Pardo Zancada, estaba al tanto de la intentona y la respaldó porque de lo contrario hubiera impedido que el propio Zancada saliera con vehículos blindados como así hizo y sin impedimentos de ningún tipo. El general Torres Rojas debía ponerse al frente de la División ya que Miláns del Bosh desconfiaba de Juste, pero una vez en Madrid, Rojas no tuvo obstáculo alguno por parte de Juste. Todos pensaban que lo que les decía Miláns del Bosh desde Valencia era cierto, que los reyes apoyaban la insurrección armada y fue lo que les impulsó a hacerlo. El papel de Pardo Zancada era el de enlace entre Valencia y Madrid.

Otro implicado fue el comandante José Luís Cortina Prieto, jefe de la Agrupación de Operaciones y Misiones Especiales del CESID, el antecedente del CNI, el Servicio Secreto español. Dicho oficial de Inteligencia defendió su inocencia y negó tener nada que ver con Tejero, sin embargo éste detalló como era su piso, demostrando que había estado en el mismo, reunido con Cortina para ultimar la Operación golpista. Es más, Tejero declaró que Cortina estaba bajo las órdenes de Armada. Tejero llegó hasta Cortina a través del capitán de la Guardia Civil Gómez Iglesias, destinado en el CESID. Cortina se defendió diciendo que la descripción de su piso dada por Tejero era muy superficial, la misma que se puede dar de cualquier otra vivienda parecida y en cambio no mencionó la fotografía que Cortina tiene del rey firmada por el mismo, detalle que no se le pasa por alto a quienes realmente han estado en su domicilio.

Según Tejero, en la reunión mantenida en el piso de Cortina, éste le dijo que existían decretos-leyes para ser aplicados justo después del Golpe de Estado por el nuevo Gobierno militar de Salvación Nacional y que había más oficiales del CESID implicados; así mismo, Tejero se percató ahí de que la rebelión militar era bicéfala, esto es, había dos jefes igualmente influyentes: Miláns del Bosh y Alfonso Armada. Incluso dijo que pudo ver a oficiales del Servicio Secreto (CESID) en el Parlamento pero Cortina dijo que eran meros informadores y no apoyaron en ningún momento el Golpe.

El capitán Gómez Iglesias declaró que no tenía tanta confianza con el teniente-coronel Tejero como éste pretendía dar a entender, que no estuvo nunca en el piso de Cortina en compañía de Tejero y que no habló ni con él ni con el coronel Manchado, jefe del Parque Móvil de la Guardia Civil, sobre ir como voluntario para asaltar el Parlamento (los autobuses que trasladaron a los guardias civiles al Congreso salieron de este Parque Móvil). El capitán dijo que conocía a Tejero de cuando estuvo bajo sus órdenes en San Sebastián, en 1976. El coronel Manchado, en cambio, sí era amigo de Tejero y le facilitó los conductores y guardias civiles que necesitó para el asalto: dos Compañías del Parque Móvil.

Podríamos calificar el Golpe de estado del 23 de febrero como el Golpe de los capitanes ya que fueron quienes lo dirigieron en la práctica, realmente:

- Francisco Dusmet García-Figueras: Capitán de Infantería, destinado en el Estado Mayor de la División Acorazada Brunete número 1.

- Carlos Álvarez-Arenas y Pardina: Capitán de Infantería, destinado en el Estado Mayor de la División Acorazada Brunete número 1.

- José Cid Fortea: Capitán de Intendencia, destinado en el Cuartel General de la División Acorazada Brunete número 1 como capitán cajero de la Mayoría Centralizada del Núcleo de Tropas y Servicios.

- José Pascual Gálvez. Capitán de Infantería. Destinado en el Regimiento de Infantería Asturias número 31 y agregado al Cuartel General de la División Acorazada Brunete número 1.

- José Luis Abad Gutiérrez: Capitán de la Guardia Civil, jefe del Subsector de Tráfico de Madrid. Reclutó a los primeros guardias que entraron en el Congreso y franqueó la entrada del general Armada bajo la consigna «Duque de Ahumada» (se cree que ese era el verdadero nombre de la Operación de los insurrectos).

- Carlos Lázaro Corthay: Capitán de la Guardia Civil, destinado en la Academia de Tráfico de la Guardia Civil.

- Jesús Muñecas Aguilar: Capitán de la Guardia Civil, destinado en el Escuadrón de la Primera Comandancia Móvil de la Guardia Civil. Fue el guardia que se dirigió a los diputados para anunciarles la llegada de una «autoridad militar» que nunca se produjo.

- Juan Pérez de la Lastra: Capitán de la Guardia Civil, destinado en la Academia de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.

- Francisco Acera Martín: Capitán de la Guardia Civil, destinado en la 421 Comandancia de la Guardia Civil (Tarragona). Se sumó a la intentona voluntariamente y fue quien leyó en el hemiciclo el manifiesto de Milans del Bosch.

- Enrique Bobis González: Capitán de la Guardia Civil, destinado en la Academia de Tráfico de la Guardia Civil.

- Vicente Gómez Iglesias: Capitán de la Guardia Civil, destinado en la Dirección General de la Guardia Civil. Trabajaba para el CESID a las órdenes de Cortina. Coordino la llegada al Congreso de todas las unidades.

De entre los tenientes que les ayudaron, se recuerda sobre todo a los que zarandearon a Gutiérrez Mellado, los tenientes de la Guardia Civil Rueda y Carranco, ambos destinados en el Subsector de Tráfico de Madrid. Fueron sentenciados a dos años de cárcel el primero y uno el segundo, por rebelión militar, aunque se reincorporaron, una vez cumplieron sus condenas. Se retirarían Rueda como comandante y Carranco como capitán.

Se habló durante el juicio de la existencia de un “elefante blanco”, supuesto máximo ideólogo del Golpe y al que todos obedecían, el mismo que acabaría presentándose en el Congreso haciéndose con las riendas de la situación desde ese momento, algo que evidentemente no sucedió (o tal vez sí y se trata del general Armada).

Desde luego, todos los historiadores coinciden en que el Golpe de Estado aumentó el ya de por sí importante apoyo del pueblo español a los socialistas, pero que no era masivo. Sin embargo, las ansias de libertad y de que nada como aquello volviera a suceder, motivó que el PSOE consiguiera su primera y aplastante mayoría absoluta.

Los héroes de la 23-F

Hubo otros “héroes”, aquellas jornadas, aparte del Rey, Suárez y Gutierrez Mellado (éstos últimos se enfrentaron a los golpistas) como Francisco Laina García, Director de la Seguridad del Estado que rellenó el hueco dejado en un principio por el vacío de poder al encontrarse el Gobierno retenido en el Parlamento, formándose una Junta de Secretarios de Estado (los ministros estaban todos en el Congreso).

El capitán general de la Región Militar de Madrid impidió que la División Acorazada “Brunete” se pusiera en marcha. De no haberlo conseguido, es probable que el Golpe de Estado hubiera tenido éxito ya que la División contaba con los suficientes efectivos humanos y técnicos para controlar Madrid en su totalidad.

El teniente general José Gabeiras Montero, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, convenció a los capitanes generales de las Regiones Militares para que no se unieran a la rebelión diciéndoles a todos que el Rey no apoyaba el Golpe como así se ha dicho siempre (sobre el soberano español han recaído sospechas tales como que estaba al tanto pero que en realidad todo fue una operación de imagen para revitalizar la monarquía, que estaba bastante desprestigiada, con lo que la iddea era ponerse al frente del Estado salvando a España de militares golpistas; tanto si fue así, como si no, la figura del Rey pasó a estar muy bien valorada, por encima de cualquier otra institución en España). Sospechar que el Rey tuviera algo que ver, sin pruebas que lo respalden, es atentar contra la figura de una persona que ha demostrado sobradamente su servicio al País. Al igual que considerar a la Guardia Civil como un Cuerpo del que se debe desconfiar por la acción de unos pocos que además desconocían en su mayoría lo que realmente se pretendía aquella jornada, cumpliendo órdenes estrictas ya que por aquel entonces aún existía el principio de obediencia debida, acusar a toda la Guardia Civil de antidemócrata es olvidarse de los innumerables servicios realizados por y para el pueblo español en los que tantas vidas ha dejado en el camino. Tanto en un caso como en el otro, el Rey y la Guardia Civil, serían acusaciones injustas.

En Valencia, desde el mismo momento en que Tejero entraba en el Congreso, la División Acorazada “Maestrazgo” ocupaba la ciudad con 2.000 soldados patrullando sus calles y 50 tanques y otros vehículos blindados. Fue la ciudad española donde la tensión y el miedo de la población fue mayor, junto a Madrid; en ambas se respiraba un ambiente prebélico y de incertidumbre con música militar sonando en emisoras de radio ocupadas por los soldados.

Una columna de tanques se dirigió a la Base Aérea de Manises para obligar a su jefe a secundar la rebelión pero éste se negó y amenazó con enviar a dos cazas cargados de misiles contra los tanques, los cuales optaron por desviarse.

En otras ciudades se recibían instrucciones confusas pero la idea extendida era que la Guardia Civil se había hecho con el Parlamento y por lo tanto, todas las Bases y acuartelamientos militares estaban en alerta y debían patrullar sus respectivas demarcaciones interrogando a los efectivos de la Guardia Civil destinados en las mismas (los Puestos y Líneas de la Guardia Civil diseminados por España) para que, en el caso de que apoyaran el golpe, fueran detenidos de inmediato.

La chapuza del 23-F y las escasas consecuencias en sus autores

Finalmente, Miláns del Bosh se rindió a la evidencia de que el Golpe había fracasado y se entregó a las 06:30 horas. Tejero comenzó a pactar su rendición a las nueve de la mañana solicitando que no se culpara de lo sucedido a los suboficiales y tropa de la Guardia Civil ya que en tondo momento habían seguido de manera estricta órdenes pero sin que ello significara que fueran golpistas. Tejero eximía de responsabilidad a sus hombres, excepto a los oficiales, los cuales, como hemos indicado anteriormente, sí participaron activamente en el Golpe de Estado. Del resto, se ha especulado mucho sobre si verdaderamente sabían donde iban. Según la declaración de alguno de los oficiales implicados, se enteraron en el trayecto hacia el Congreso e incluso los propios guardias o la mayoría de ellos, pensabanque iban a desactivar un artefacto explosivo que habían puesto en el hemiciclo lo que pudiera explicar el por qué nada más entrar en el mismo se dedican a mirar entre las filas de asientos como si buscaran algo.

Casi todos los historiadores y analistas consideran que el Golpe del 23 de febrero de 1981 fue una verdadera chapuza, sin orden ni concierto, en la que dos pesos pesados de las Fuerzas Armadas españolas luchaban a última hora por el poder (algunos incluso hablaban de un Golpe dentro del Golpe).

Armada quiso mostrarse el día 24 como que era quién había salvado a España de una segunda guerra civil en el mismo siglo ya que fue él y no Aramburu Topete ni nadie quién convenció a Tejero de que desisiera de su aventura sin sentido. Pero enseguida se descubrió que estaba metido hasta arriba y que era uno de los inspiradores del Golpe. De hecho, aspiraba a convertirse en presidente del nuevo Gobierno de Salvación Nacional al estilo de la Francia del general De Gaulle.

Los diputados serían liberados a las doce y cuarto de la mañana.

Hoy en día, algunos de los acusados han muerto o están enfermos o se han retirado de sus carreras militares, bien porque se hayan jubilado, bien porque se dediquen a otros menesteres profesionales. La verdad es que escaparon más o menos airosamente, algunos volverían a la Guardia Civil o al Ejército, recibiendo medallas y buenos despachos en sus ascensos. Tejero llegó a formar un partido político llamado “Solidaridad Nacional” que fue un desastre, terminando su condena en 1996 (con todo tipo de comodidades) con lo que estuvo en la cárcel catorce años tan solo. Sin embargo, no olvidemos que no mataron a nadie ni fue la intención en ningún momento y que ciertamente la mayoría, sino todos (salvo probablemente Miláns del Bosh y Armada que sabrían la verdad) estaban convencidos de que realizaban un servicio a la Patria, aunque su sentido del honor fuera, sin duda, equivocado (no se puede alterar la vida democrática de un País en plan república bananera, por no tener capacidad diplomática). Casi todos creían, engañados, que el Rey era esa autoridad que aparecería de un momento a otro en el Congreso como salvador de España, poniéndose al frente del Golpe. Armada les aseguraba una y otra vez que el propio monarca le había dicho en Baqueira Beret que era necesaria una solución “a la turca” cuanto antes.

La verdad es que no se entiende que los acusados escaparan de ese modo más bien respetuoso hacia sus carreras pero pareciera también que hacia lo que pudieran saber. El que la pena máxima fuera de catorce años (cuando Tejero fue condenado a treinta) y que los demás no sufrieran un excesivo deshonor ni vergüenza, todolo contrario, algunos recibirían años después importantes condecoraciones, una vez se reincorporaron a sus puestos y continuaron con sus carreras o en otros cargos, fuera de las Fuerzas Armadas pero igualmente con éxito.

Da la impresión de que Tejero fue una marioneta en manos de alguna alta instancia ya que el teniente-coronel ya lo había intentado antes con lo que siempre se podía decir que era un reincidente, no alguien respaldado por el Ejército. Pero ya conlos socialistas en el poder, muchos creyeron que los militares golpistas se iban a pudrir en la cárcel puesto que se tenía una imagen de la izquierda, contraria a todo lo militar y conservador, claro está.

Sin embargo, no solo se redujeron notablemente las penas (en principio, en muchos casos, el Tribunal Supremo las aumentó pero la verdad es que ninguna se cumpliría en su totalidad, salvo las muy cortas) sino que además se da la circunstancia sospechosa de la desaparición de las cintas que grabaron las conversaciones entre Tejero, Alfonso Armada y posiblemente el Rey y otras instancias militares. Todo muy extraño, a no ser que no fuera recomendable para la estabilidad actual del País que se conociera el contenido íntegro de esas conversaciones, todavía hoy, ya en pleno siglo XXI, con muchos de los implicados aún vivos.

Sería necesario un verdadero trabajo exhaustivo de investigación así coo conseguir que actores principales de aquel suceso hablaran de una vez y de manera sincera. En principio, no debiera haber ya motivos para temer por la estabilidad del Estado....¿o tal vez sí? ¿Hay alguna institución que pudiera verse afectada en la actualidad si saliera la verdad en cuanto a lo que ocurrió?

Mientras no se revelen esas fuentes, no debemos especular y seguiremos confiando en las instituciones democráticas españolas, en especial en la monarquía, cabeza visible del Estado y hoy en día, la mejor representación diplomática española.

Esperemos que, una vez más, el estudio y análisis de nuestro pasado sirva para evitar males futuros y nos recuerde en nuestro convulsivo presente que el ruido de sables es Historia, que existen mecanismos democráticos muy eficaces para solucionar los problemas de un País y que nuestras Fuerzas Armadas y en concreto la Guardia Civil, como Fuerza de Seguridad, realizan una labor de innegable servicio público y garantes de la democracia, una herramienta imprescindible en la España actual para salvaguardar la paz y la solidaridad.

A fin de cuentas, el pasado es eso, pasado....o, ¿será todavía presente?


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